Miro el reloj y siento que no llego a nada… que los minutos se trituran, se autodevoran. ¡Joder! Creo que soy feliz, pero no me entero.
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- Arte que cuenta historias.
- Valor artístico y emocional.
- Estilo único, sincero y reconocible.
Miro el reloj y siento que no llego a nada… que los minutos se trituran, se autodevoran. ¡Joder! Creo que soy feliz, pero no me entero.
Amanece en Barcelona después de una farra descomunal, es Montjuic, las vistas son geniales, empieza a pasarse el efecto de la noche y una serenidad desconocida empieza a venir a tu
cabeza, la sensación de claridad mental empieza a aparecer entre la niebla de las conexiones eléctricas vagas de tu cerebro.. eres cada vez más tú. Empiezas a despertar de un letargo etílico. Las vistas son hermosas, empieza a no parecerte tan buena idea esperar al amanecer, es tarde, igual mañana curras, igual tienes que coger el coche y conducir de vuelta a Madrid, igual solo estás reventado y la sensación del tiempo te parece una amenaza.
La obra habla de esa cara B del “somos jóvenes, hay que disfrutar”: la sensación de estar corriendo siempre, de vivir y trabajar demasiado rápido, de ir montado en una rueda que no se detiene nunca. La figura femenina suspira, rodeada de aire y, sin embargo, atrapada. El coche — un Toyota Supra— funciona como símbolo de velocidad, de vértigo, de ese atropello que ejerce el tiempo sobre nosotros.
Es una pieza sobre la contradicción: la belleza del instante frente al peso de la responsabilidad, el querer detenerse y el no poder. Esa tensión de sentirse feliz… pero demasiado distraído para darse cuenta.
| Medidas | 110x70cm |
|---|---|
| Técnica | Óleo, spray, disolvente, lápiz y boli sobre lienzo imprimado. |
| Año | 2024 |
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