Qué borroso es el ruido Y qué oscuro el silencio. Dice, de repente. Y todos le miramos con el miedo de la bestia.
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- Arte que cuenta historias.
- Valor artístico y emocional.
- Estilo único, sincero y reconocible.
Qué borroso es el ruido Y qué oscuro el silencio. Dice, de repente. Y todos le miramos con el miedo de la bestia.
Esta obra nace de una escena muy concreta: un coche destartalado, en un parkineo como escenario, fuera llueve y la música revienta los altavoces. Hay un aire denso de humo y vapor de alcohol. Dos amigos sentados en los asientos del piloto y copiloto hablando entre ellos, físicamente en su propia burbuja. Otro personaje atrás solo, el protagonista, con la sensación de estar incomunicado y el colocón pegándole oscuro. Esta obra se interesa por la soledad en medio del ruido: tener que gritar para existir y, al mismo tiempo, sentir que el silencio se convierte en un pozo que te arrastra hacia dentro.
El cuadro habla de un punto muerto en el que el silencio ya no es descanso, sino amenaza. El interior del coche está lleno de pequeños detalles: el print del asiento es una referencia de El Resplandor y la luz interior del coche parece querer iluminarle de forma afilada pero sus ojos siguen dentro de esa oscuridad, se esconde de todo debajo de la gorra. La atmósfera es morada y verde, una especie de filtro de terror cotidiano, como si estuviéramos apunto de presenciar algo horrible (o no).
Es una obra sobre la paranoia, sobre ese instante en que el ruido y el silencio dejan de ser opuestos para volverse la misma cosa: una espiral que te conduce hacia dentro.
| Medidas | 80x70cm |
|---|---|
| Técnica | Óleo, spray, disolvente, lápiz y boli sobre lienzo imprimado. |
| Año | 2023 |
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